Balada de la novia de Thanatos

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Boisguilbert
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Balada de la novia de Thanatos

Mensajepor Boisguilbert » Dom Oct 25, 2020 12:09 am

La sala de los banquetes del Palacio real de Rostow estaba caldeada por el humo de los numerosos platos que se habían servido. Damas y caballeros, ya en múltiples conversaciones, reían y bromeaban sobre mil cosas, sobre mil chismes de corte, sobre mil rumores. Se encontraban en esa hora de satisfacción donde los ánimos se relajan y los espíritus esperan caricias amables, cuando la sonrisa se queda dibujada entre los vapores del alcohol y la satisfacción de un estomago agradecido.

En uno de los extremos de la enorme estancia, un pequeño grupo de jóvenes escuderos y encantadoras damitas rodeaban a Jean-Pierre Dulcevoz, un imberbe juglar ya famoso por sus composiciones sobre el amor cortés y las hazañas épicas que siempre arrancaban los suspiros de todas las damiselas… y algunos varones.

- Vamos, Jean-Pierre, cántanos otra – dijo Cristinne Stauton, acompañando la súplica de un encantador mohín de su cara pecosita – una que hable de amores con caballeros guerreros.

- No, no, de esas no – contestó Laura Blackhelm apoyando su mano en el brazo del joven escudero que le acompañaba y mirándole de soslayo – una que sea un poco más… atrevida, una de encuentros secretos

Un coro de carcajadas acogió sus palabras y la noble enrojeció hasta las orejas, al igual que se tornó de grana la cara de su acompañante.

- Bueno… yo lo decía por variar…

- Ya, ya, por variar – los traviesos ojos oscuros de Ana de Mendoza bailaron de una cara a otra de los dos azorados jóvenes – Me parece que alguna anda por ahí más revuelta que el río bajo el puente de Ser Miles

Otras risas fueron eco de la pulla de Ana, y cuando se fueron apagando, quien habló fue Lady Sara Yorath, una belleza de pelo rubio como el trigo y ojos azules cual cielo en verano, prometida de ser Edan Liden.

- No, Jean-Pierre, regaladnos esta noche una canción sobre el Amor, con mayúsculas, sobre lo que tiene de fuerza, de grandeza… de imposible – miró de reojo por la ventana durante un latido la elegante figura de ser William de la Baie, que conversaba con un sombrío y destrozado Viggo – Hacedlo por favor.

El trovador asintió con una sonrisa mostrando sus perfectos dientes blancos.

- Nada hay, mi señora, que hombre en el mundo pueda negar a la luz de vuestros ojos

Lady Sara correspondió al cumplido del joven con una leve inclinación de cabeza y una mirada de agradecimiento.

- Damas y caballeros, os relataré a continuación la “Balada de La Novia de Thanatos”, que nos ayudará a soñar y a entender que a las aguas del amor no hay diques, humanos ni divinos, que puedan contener.

Aprestó su laúd, rasgueó sus cuerdas, y con una voz aterciopelada envuelta en notas musicales comenzó a cantar acariciando los oídos de su público:

Sobre la tierra una vez hubo una mujer
Bella y hermosa como un día de primavera
Blanca su alma aunque plebeya era
A quien hasta el sol en lo alto ansiaba querer

Creció dulce y pura esta única flor
Rodeada de la admiración y el cariño
Pues tierna era con el anciano y el niño
Y su alma y corazón a todos daba calor

Cuando cumplió dieciocho veranos
Y los pétalos de su cuerpo florecieron
Todos los hombres sin dudarlo supieron
Que pondrían su corazón en sus manos

Y el terrible Thanatos desde su trono oscuro
Contra todo lo que está y escrito ha estado
Sintió por primera vez su ser enamorado
Y su poder cambiar quiso presente y futuro

Mía has de ser, y mía por siempre serás
Mía en cuerpo y alma, mía y de nadie más


De la suave boca de esta mujer por suerte
Un hombre de la calle un primer beso robó
el dios entrecerrando los ojos en cólera montó
Y sus seguidores con el hacha le dieron muerte

Mía has de ser, y mía por siempre serás
Mía en cuerpo y alma, mía y de nadie más


Un brujo, triste y atormentado en un infierno
En un instante de locura y desesperación
Buscó en los labios de la dama la redención
Y una negra sombra su alma arrastró al averno

Mía has de ser, y mía por siempre serás
Mía en cuerpo y alma, mía y de nadie más


Un comerciante con oro y riquezas hubo
Que se creyó con derecho a su boca besar
Con joyas y ricos ropajes la quiso conquistar
y una ola fría una noche su corazón detuvo

Mía has de ser, y mía por siempre serás
Mía en cuerpo y alma, mía y de nadie más


Incluso del mismo dios un fiel guerrero
De la maldición de la dama desconocedor
sustrajo de su boca un beso con candor
y ese mismo día cayó de un tajo certero

Mía has de ser, y mía por siempre serás
Mía en cuerpo y alma, mía y de nadie más


Cuatro ese premio de sus labios hurtaron
aspiraron a los besos de dama tan bella
A ninguno quiso jamás besarles ella
Y tras tocar su boca vivos ni un día duraron

Pero un día amaneció en la vida de la dama
En que un caballero oscuro y sombrío
de su alma y corazón por fin quitó el frío
Y ella por primera vez sintió lo que el que ama

Su corazón felicidad e ilusión desbordaba
Su pasión femenina de calor fue inundada
Su alma por mil plumas acariciada
Y todo su ser al verle de amor temblaba

Quiso ella su corazón a él entregarle
Puso en conquistarle su esfuerzo y empeño
Ansió que ese hombre fuera su único dueño
Y un hermoso amanecer por fin pudo besarle

Tembló en lo alto la bóveda celestial entera
Rugió en sus entrañas la tierra con un grito callado
Surcó los mares un furioso clamor ahogado
No conoció Thanatos límite en su cólera

Mía has de ser, y mía por siempre serás
Mía en cuerpo y alma, mía y de nadie más


Tus días en la tierra, mujer, han terminado
Junto a mi trono yo ahora ya te reclamo
Y por toda la eternidad verás que yo te amo
Reinarás por siempre a mi vera, a mi lado

Alzó la vista al dios poderoso la mortal
“Nunca jamás seré tuya, Thanatos cruel
Y no quiero la inmortalidad que a tu lado es hiel”
Pues de corazón a divinidad le habló como igual

No me entrego a tu poder ni a tu maldad
Pues mi alma es amor, es viento de libertad


Se dirigió rápida y esquiva cual sombra de luna
A la más profunda y peligrosa de las guaridas
Ahí donde es un laberinto de letales idas y venidas
De donde jamás salió viva esperanza alguna

Peleó como una leona, como el hombre más recio
Y su cuerpo sin vida acabó donde nadie pudo llegar
De sus labios torturados un suspiro se oyó brotar
cinco veces besados y cinco muertes como precio:

No me entrego a tu poder ni a tu maldad
Pues mi alma es amor, es viento de libertad


No hubo cenizas, no hubo viaje al otro lado
Nadie supo que fue de su aciago destino
Nadie jamás adivinó qué eligió por camino
Quedaron rotos un caballero y un dios enlutado

Y en las noches más hermosas de luna llena
Cuando del nenúfar brota la más suave melodía
Una sombra grácil y violeta dicen se veía
Susurrar con voz mezcla de amor, pasión y pena

No me entrego a tu poder ni a tu maldad
Pues mi alma es amor, es viento de libertad


Una nota quedó flotando en el aire como eco al último verso del cantar. El silencio que se produjo contrastaba vivamente con el bullicio que rodeaba al grupo. Las damas tenían los ojos llenos de lágrimas y los escuderos un nudo en la garganta, conmovidos todos por la belleza y desgarro de la historia.

- Sí… - dijo Jean-Pierre, como si hablara para sí mismo – sí, hay una fuerza que ni dioses ni hombres pueden dominar, cuando en el pecho no late la razón, sólo el más sincero y puro amor. – se levantó y miró por la ventana la tan abatida como corpulenta figura del Defensor de Thanatos - Ella se ha ido, ella me ha desterrado de su lado. Dejé de ser solución para ser problema, y ahora debo caminar por sendas vacías, de nuevo.

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