El camino

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Zharys
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El camino

Mensajepor Zharys » Mié Mar 11, 2020 4:06 pm

Ya era más de media noche y Rostow era un remanso de paz. Bart bostezó. Su guardia había terminado. Echó un último vistazo y se dirigió hacia el cuartel. Le sobresaltó el trueno que dio paso a la lluvia, y entonces apresuró las pisadas. Al pasar por las dianas de las afueras de la ciudad, le llamó la atención una figura femenina practicando tiro. Zharys llevaba horas allí arrojando flechas y el cansancio ya hacía mella. Con cada tiro se le escapaba un gemido de dolor y, únicamente iluminada por la luz que emitían dos ventanas del cuartel de los mercenarios, seguía lanzando una y otra vez, recogiendo flechas, y volviendo a lanzar hasta que le sangraron los dedos. Amontonó sus flechas y las guardó en el carcaj con las manos temblorosas. Con torpeza se envolvió las heridas con una venda, tomó su arco y se fue hacia la posada. Sus dulces ojos de miel se habían vuelto de color fuego, a veces de furia… a veces de dolor. Su sonrisa, musa de los bardos, que encendía a cualquier hombre un delicioso ensueño, se tornó en preciosos labios casi inmóviles.



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El viento hizo crujir los cristales de la habitación de Zharys y un lobo aullaba a lo lejos. Ella permanecía en duermevela y aquello la despertó del todo. Por más que intentaba dormir, le era imposible. Sus pensamientos y sus dudas eran un caballo desbocado al que no sirve tirarle de las riendas.

Recordó aquella sombra que desaparecía en cualquier esquina de la ciudad cuando se giraba a mirar.

Después pensó en lo que hizo esa misma tarde cuando colocaba las bridas a Tyr, el caballo que antes fue de Jack, y lo llevó campo abierto para dejarlo en libertad, haciendo una alegoría de su realidad. Lo empujó suavemente colocando las dos manos en el pecho del animal, y tras una leve resistencia, se marchó mientras ella lo observaba alejarse apretando labios y dientes.

Dio otra vuelta en la cama y evocó el último beso de Jack.

Luego volvió a sentir la mirada de Wade cuando casi la estrangula; se parecía a la mirada que él tenía cada vez que lo veía matando a sus enemigos.

Seguidamente visualizó a Amaris, la madre que nunca tuvo. La quería tanto… y al mismo tiempo también ansiaba borrarla del mundo. Repetía en su mente la última conversación con ella y se torturaba por las dudas.

<< ¿Qué pude ser más puro que el amor de una madre y una hija? >>

Esos pensamientos se repetían una y otra vez. Sacó un pergamino doblado de debajo de la almohada, lo estiró y se lo colocó sobre el pecho. Lo había leído innumerables veces y se lo sabía de memoria, pero no podía dejar de hacerlo… Era como sentir una sombra oscura que la llevaba a un extraño deseo hipnótico.

Tenía ante sí cuatro elecciones y la idea de elegir una le atormentaba. Guardó el pergamino bajo la almohada de nuevo, acarició la cicatriz de su mejilla y casi de madrugada, logró quedarse dormida.

Cuando despertó, se dirigía a pasear por el jardín de los dioses para buscar respuestas en aquel silencio. Justo antes de subir las escaleras del templo escuchó una voz que la llamaba:

- ¡Zharys! ¡Eh, niña!

Ella se giró y vio a Félix llevando de las crines a una montura. Le deslumbraba el sol y haciendo de visera con la mano, se acercó a Félix para ver mejor la escena. Entonces lo vio, ahí estaba…

- Tyr ha vuelto solo al establo, ¿otra vez te lo has dejado en la ciudad olvidado o qué? –Félix acercó la montura a la joven y se fue refunfuñando.

- ¿Cómo… cómo has venido? -le susurró asombrada Zharys, mirándolo a los ojos.

Entonces lo supo. Los cuatro caminos se habían fusionado en uno solo y tomó la decisión que jamás se habría imaginado. Sin dejar de acariciar al caballo, giró la cabeza y dedicó una fugaz mirada al jardín de dioses antes de marchar.


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