Sangre y fuego, dolor y victoria.

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Boisguilbert
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Sangre y fuego, dolor y victoria.

Mensajepor Boisguilbert » Lun Mar 23, 2020 1:57 pm

¿Era un día tranquilo?

En absoluto

Era un día normal.

Es decir, un día que venía de un incendio con seis muertos, cuatro ejecutados en público y una emboscada regicida en la que el equilibrio del reino pudo haberse venido abajo de no ser por la decidida actuación de un puñado de aventureros liderados por el noble más humilde de todos los ungidos por los dioses.

Es decir, casi rutina.

Y esa rutina, ese continuo batalla y conspirar, enmendar y pelear, se vio sacudida por un atronante ruido de aleteo. Salido de una pesadilla, un gigantesco dragón sobrevoló Rostow, soltando un rugido que hizo temblar hasta las murallas de la ciudad.

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Todos los habitantes, sin excepción, corrieron a refugiarse, pues las leyendas hablaban de una lluvia de fuego e ira proveniente de los antiguos dragones, y temían que una vez más los más oscuros temores se materializaran en una apocalíptica realidad.

Pero en esta ocasión la bestia de las alas rojas tomó rumbo al Este… hacia las hasta entonces tranquilas tierras de la Baie.

Con la experiencia atesorada por todas las vivencias de los dos últimos años, fue una vez más Ser Loras de Ayamonte, el primero de su nombre, quien convocó a sus legionarios y a sus seguidores:

- ¡Oidme todos! – rugió desde lo alto de su caballo - ¡El rey nos ha encomendado evacuar al mayor número de civiles posibles! ¡Los cuervos que llegan de Baie hablan de una destrucción sin precedentes, así pues, avanzaremos de nuevo hacia el infierno! ¿Quién está conmigo, quién viene a escribir otra página de gloria en el libro de la Historia?

Un solo grito aunó todas las voluntades: la compañía de legionarios, encabezada por el sargento Jack y donde ya destacaba (y no solo por su tamaño) el joven Eclipse, Zharys la aventurera, Syl la gata roja, Verónica la mercader, Merek el artesano, Denisse la futura dama de Ayamonte que ya era por sí misma una leyenda, Amaris la madre de todos, Viggo el capitán sin barco y hasta Ceferino, el gitano recién llegado a Rostow, quien ya estaba metido hasta las cejas en el vaivén que era la vida rostowiana.

Partieron con el refuerzo de Ser Elber Strangber, imponente en su armadura de placas negra con su guardia personal. El medio centenar largo de hombres y mujeres partió rumbo al Este a toda la velocidad que podía, reventando los pulmones de la infantería y haciendo sangre en los ijares de los caballos por el roce de las espuelas.

De pronto, al subir una colina, oyeron un coro de lamentos y lloros. Llegaron jadeantes a la cúspide… y vieron un escenario dantesco. Un enorme dragón, el mayor que jamás pudieran imaginar, se encontraba posado sobre un montón de cadáveres sangrantes. Con sus zarpas barría a diestro y siniestro, y de su boca salía un infierno de llamas que paseaba en derredor creando un mar de fuego. A su alrededor docenas, tal vez cientos de refugiados gritaban aterrorizados o eran ya una masa informe de carne aplastada y chamuscada. Aquí y ahí se veían antorchas humanas andando vacilantes antes de caer para no levantarse más, dejando sólo un puñado de cenizas en el sendero.

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Desde lo alto de la colina, el pequeño ejército vaciló… y fue una vez más Sir Loras quien dio el primer paso, arrastrando con su ejemplo a todos:

- ¡Conmigo! ¡A la carga! – encabritó su enorme corcel de guerra y se lanzó colina abajo sin mirar si le seguían - ¡Por el rey, por Rostow!

Con un solo grito, todos los guerreros se lanzaron venciendo su miedo… pero el dragón les vio venir perfectamente. Con su maligna inteligencia, comprendió que los recién llegados, esa ondulada alfombra de picas y espadas que se acercaba, sí podía suponer una amenaza. Se giró y soltó una enorme bocanada de fuego. La primera fila de legionarios se transformó en un bosque de brasas aullantes cuando fueron fundidos en sangre y dolor.

Un enorme zarpazo barrió otros tantos soldados, y pronto el grupo quedó reducido a pequeños pelotones de humanos que atacaban y se replegaban en desorden. Cada golpe era media docena menos, cada dentellada dejaba dos caballos sin jinete… pero el dragón estaba recibiendo un duro castigo. Cegado por el dolor y la ira, no levantó su vuelo, y se quedó a matar a los que ya le hacían sangrar por dos docenas de heridas abiertas en su flanco.

Una vez más Ser Loras agrupó a todos tras su caballo y encabezó la enésima carga. Tras la línea, Amaris y Merek curaban sin cesar a todos los que moribundos se arrastraban hasta su posición. Frente a frente, caballero y dragón. Volaban las flechas de Zharys, Eclipse junto a Jack y Viggo se acercaba mucho más allá de lo que la prudencia aconsejaba para sajar los tendones del dragón y herirle en su vientre, Denisse y Syl bailaban esquivando llamas y garras para hundir rápidamente sus armas y huir antes de recibir otro golpe más…

…y el dragón se irguió sobre sus dos patas traseras y barrió el campo de batalla con dos zarpazos brutales y un río de fuego surgiendo de sus fauces abiertas de par en par. Las garras impactaron directamente en Syl y Denisse, que no pudieron apartarse a tiempo y salieron despedidas de sus caballos entre un ruido de costillas rotas y huesos desencajados. También Amaris recibió un golpe que la dejó sangrando por nariz y ojos, y casi igual castigo recibieron ser Elberg y el sargento Jack. Viggo y Eclipse salieron bastante mejor parados, y un grupo de legionarios pudo aún agruparse tras el hacha del capitán, que peleaba como un infante más, tan lejos de su barco y de la mar que tanto amaba.

Pero la peor parte se la llevó Ser Loras. Encabezando como siempre el ataque en el lugar más expuesto, sin miedo a nada, las llamas le envolvieron sin que pudiera esquivarlas, al tiempo que un zarpazo brutal desplazó caballo y jinete varios metros. Sólo su gruesa armadura pudo salvarle del impacto, pero el fuego se coló por las comisuras de la misma, quemando a un tiempo cuero, carne y esperanzas. Sangrando por varias heridas, casi muerto, su fiel montura cumplió su cometido y alejó a su dueño del combate rumbo a otro tipo de infierno…

El último grupo de guerreros en pie rodeaba al dragón, buscando dónde dar el golpe postrero… pero apenas podía tenerse en pie. El monstruo giró el cuello y vio el reducido número de enemigos que a duras penas sostenía unas armas maltrechas y bajó la cabeza con una mueca horrible, lo más parecido que pudiera dibujar en su rostro parecido a una sonrisa.

Abrió las fauces y clavó sus ojos en sus víctimas chasqueando con un burlesco sonido su lengua, dándose un segundo para recrearse en el fin próximo… segundo que fue su perdición. Un zumbido surcó el aire y rompió el silencio en el que se había materializado la tensión de los hombres y la bestia… y una saeta voló desde un arco manejado por manos firmes y delicadas hasta el ojo del dragón, con tal fuerza que lo reventó y se clavó directamente en el cerebro del monstruo. Un rugido, a la postre el último, manó de su garganta rumbo al cielo cuando en un último estertor estiró su cuello hacia el sol… y calló desplomado cuan largo era.
Los pocos supervivientes que aún se sostenían en pie se giraron hacia la figura femenina envuelta en cuero violeta que sostenía todavía el arco y la aclamaron con un grito :

- ¡Zharys matadragones, Zharys matadragones!

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