Sadwing

Termina con honor la historia de tu personaje fallecido.
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Boisguilbert
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Sadwing

Mensajepor Boisguilbert » Lun Oct 21, 2019 10:07 pm

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– De modo que nos abandonas...

El sargento mayor de la Puerta de la Reina Elizabeth enarcó las cejas y se recompuso en su silla. La lluvia crepitaba en el quicio de la ventana, filtrándose en la modesta habitación del cuerpo de guardia donde dos hombres se encontraban sentados frente a frente, compartiendo una jarra de cerveza.

– Así es... - contestó su interlocutor. - Diez años dan para mucho, para demasiado. Es hora de ver amanecer en otro lugar que no sea entre los muros de Rostow.

Greentorch gruñó asistiendo. Repasó con su mirada en silencio al hombre que se encontraba frente a él. Lo conocía bien, muy bien. Demasiado bien, incluso, como para saber que nada de lo que dijera o hiciera iba a hacer cambiar de idea al cabo Sadwing. Diez años y sólo cabo... ¿cuántas veces habían bloqueado su ascenso? . No, desde luego no era extraño que quisiera irse.

– ¿Es por lo de las pieles de nutria? - inquirió – Todos sabemos que no tenías nada que ver. Si no fueras razonablemente honrado no estarías siempre con una mano delante y otra detrás...

Sadwing chasqueó la lengua. Sus ojos negros se clavaron fijamente en los de su sargento. Meneó la cabeza y sus pendientes tintinearon.

– No, sabes bien que no. Es un poco de esto... un poco de aquello... aquí no voy a progresar, ha llegado el momento de ser mi propio jefe, o de poner mi espada al servicio de otros que me paguen más y mejor.

– Hombre, si es por eso... - Greentorch pasó la yema de su índice por el borde de su jarra de madera – puedo hablar con el capitán, van a hacer falta más sargentos, si progresar es lo que quieres...



– No me refiero a esa clase de ascensos. Aun estando en el mismo puesto, un hombre puede conseguir más de lo que le corresponde por ley si tiene la suerte y fortuna de estar en el momento adecuado en el sitio oportuno. Pero si no...

El silencio se alzó entre ambos guerreros. Y sin necesidad de decirlo, los dos vieron las mismas desventuras, las mismas influencias: la noche que los herederos Stauton y Liden con sus aduladores se metieron la dosis equivocada de drog y aquello acabó en una masacre de mendigos por diversión que hubo que ocultar, el caso del contrabando de ginebra destilada de las tierras De La Baie que entró de tapado en la ciudad por la puerta que controlaba esa noche cierto cabo, el robo del caballo de Mendoza que nunca se llegó a aclarar aunque un Blackhelm pareció montar uno muy parecido... Testigo en demasiadas ocasiones de cosas que es mejor no ver, no saber, no es la mejor moneda de cambio para emplear en una carrera larga y, sobre todo, próspera, en la guardia de Rostow.

– Entiendo. Y ahora ¿qué, dónde, con quién?

– Ahora... vida nueva. Estoy empezando la cuarta década de mi vida, aventuras no me van a faltar, comenzando por esos rumores que se oyen en tierras de los Everlee. Y si el rumor es lo que va antes de la acción... esto parece que va a ser sonado.

– Bien pues... llegados a este punto... poco más que decirte, Sadwing.

El sargento se levantó de su silla y abrió un pequeño cajón de su mesa. De él extrajo una bolsa con un puñado de monedas que dejó caer sobre la mesa.

– Tu paga de licenciamiento. Ya sabes que no es mucho porque hay que pagar las prebendas del capitán, el uso del equipo, el rancho de los últimos tres meses...

Sadwing dibujó una breve sonrisa bajo su mostacho oscuro, encuadrada por su barba cerrada.

– Claro que lo sé, Green. Tómate una ronda con los muchachos en mi memoria a cuenta de la prebenda del capitán, seguro que esa rata no se entera.

Se envolvió en su capa gastada, levantó su petate con sus escasas pertenencias y sin decir nada más salió por la puerta rumbo a los senderos cubiertos de ceniza de la vida de aventura.

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