Relato Off Rol

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Holmsteck
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Relato Off Rol

Mensajepor Holmsteck » Lun Ene 20, 2020 1:30 pm

Este relato lo escribí en el tiempo previo a abrir el servidor, fue uno de varios relatos. No es la historia inicial de mi personaje, solo ha permanecido el nombre, por eso lo pongo en Off-topic. Se llama La noche tiene mil ojos.

“La noche tiene mil ojos, el día uno solo”
Francis William Bourdillon

- ¿Sois hijo de Lord Jordan, miembro de la corte y uno de los secretarios del senescal? – Preguntaba el sacerdote sentado en el centro de la parte alta de la sala.

- Así es – Asentía el caballero con la cabeza baja y con la cara demacrada que delataban largas noches en vela.

- ¿Os declaráis, así mismo, esposo de la mujer que se encuentra ahí sentada?- Señalando con el dedo hacia una mujer engrilletada, con las muñecas sangrantes lo mismo que su pelo negro despeinado.

- Yo… yo… - Balbuceaba el hombre bajando la cabeza

- ¡No os escucho, hablad más alto! – El gesto del sacerdote se volvía aún más austero y su cabeza rapada, cubierta de heridas mal cicatrizadas, le daba un aspecto siniestro.

A su diestra se encontraba un acólito que le susurraba y con un gesto con la mano le hacía ver que se tranquilizara y a su siniestra un escribiente iba anotando todo lo que allí se decía.

- Sí, señor, pero …

- ¿No es cierto que os casasteis una noche con esa mujer a escondidas y bajo el rito de los Siete?. ¿No es cierto también que lo hicisteis en contra de la voluntad de vuestro señor padre? – Golpeando la mesa con el puño mientras mostraba un gesto iracundo enseñando los dientes.

- Sí, señor, pero… - Mientras miraba a la mujer, que al mismo tiempo observaba al hombre desconcertada – Es que yo la amo, o eso creía.

- ¿No es cierto también que de esa unión prohibida nació también una niña llamada … - Mira a su acólito para que le susurre el nombre- … ¿Magda?

El hombre, frotándose las manos sudorosas, esboza una breve sonrisa mientras mira al fondo y su vista se dirige hacia una niña acompañada por una vieja nana que la custodia. La niña tenía el mismo pelo que la madre, la misma mirada profunda y una sonrisa se le dibujaba en el rostro mientras miraba a su padre sin comprender nada de lo que allí estaba pasando.

- Sí, así es, señor.

- ¿Erais consciente de que esa unión no era posible ya que la mujer es plebeya?. – Levantando una ceja y mirando con desprecio a la madre.

- Si, lo es

- Y también sabéis en la situación tan delicada en la que habéis puesto a vuestro señor padre, ya que es alguien muy bien visto y respetado en la corte. Y gracias a eso este juicio se ha hecho siendo yo quien juzga y sin haber recurrido a la Mano de Gibil. – Afirmando con la cabeza y entrelazando los dedos satisfecho.

- Es que… me embrujó con sus encantos, con su olor a hembra, con sus carnes prietas y yo… yo… - Balbuceaba mientras dos grandes lágrimas caían por sus mejillas y se tapaba la cara con ambas manos.

- Bien, lo imaginaba – suspira mientras reposa la espalda en el asiento.

La mujer encoge la cabeza en su pecho, no puede llegar a comprender el porqué el amor de su vida le estaba haciendo eso, el porqué la había traicionado de esa manera.

Atrás quedaron los días en los que se encontraban a escondidas en el bosque, al resguardo de la noche y cobijados con el calor de sus cuerpos jóvenes y amorosos. Atrás quedaron las caricias y las promesas que le daba su amado de que hablaría con Lord Jordan, su padre, para que la aceptara y comprendiera que era la mujer de su vida.

Pero también fue una noche en la que ojos indiscretos los vieron, en las que ojos codiciosos y hambrientos de oro los delataron y ahora se encontraban allí, en esa fría sala, observados, mientras su pequeña Madga jugaba con su pequeño delantal.

- Por vuestro padre y solo por él, a vos no os pondremos pena ninguna, ya vuestro padre hará con vos lo que estime oportuno. En cuanto a ella – Mirándola con desdén- será ajusticiada, decapitada después de azotarla discretamente, alejada de la vista de curiosos. Además de que será enterrada y no quemada para vergüenza suya.

Pasó el tiempo y Magda creció, vivía en casa de su vieja nana sin ser consciente de todo lo que en el pasado aconteció, creciendo feliz en esa pequeña morada, sin riquezas pero con todo lo que necesitaba.
Solo a la vieja nana alguna vez se le nublaban los ojos al verla correr y saltar por entre las hierbas. Sólo ella recordaba la trágica muerte de su madre, solo ella recordaba que su única frase antes de morir fue recordando a su pequeña, al fruto de ese amor del pasado. Y sólo la vieja nana sabía que el padre de la pequeña, había muerto borracho a la orilla del río, con el remordimiento y la quemazón por lo que había hecho y todo el dolor que había causado por su cobardía. Que había muerto solo.
Pero recordad, "entre las doce y las una corre la mala fortuna" avisados estáis...

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