Sangre, sudor y bandidos

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Boisguilbert
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Sangre, sudor y bandidos

Mensajepor Boisguilbert » Jue Oct 10, 2019 1:47 pm

La luna apenas conseguía arañar unos trazos tenues de luz en medio de la noche.

Cuatro figuras de capa roja rodeaban a una quinta de idéntico uniforme montada a caballo y que empuñaba una antorcha.

- ¿Hace mucho que visteis el cadáver , Amaris? – Preguntó un hombre alto y corpulento de mediana edad, arrugas surcando su cara y alguna cana dibujada en su melena negra.

La mujer a caballo negó.

- Un par de horas a lo máximo. Vestía ropas típicas de Rostow, pero no me sonaba de nada.
Una figura alta y calva gruñó

- Suena a peligro, peligro, peligro. – farfulló Padre – Y me gusta.

- No te rías, Loran – susurró Syl al tercer hombre – que como te oiga te rompe la lanza en la cabeza

El joven se giró y le sonrió. Una mirada limpia, amable, calmada.

- Tranquila, quiero llegar a viejo.

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El grupo llegó a la entrada de una cueva, flanqueada por la luz de dos antorchas. Al pie de unas escaleras, había un cadáver, con varias heridas en su cuerpo.

Al girarlo descubrieron bajo el mismo una nota garabateada y manchada en sangre .

Los cinco la leyeron. Syl y Sadwing intercambiaron una mirada.

- ¿Crees que…? – interrogó el hombre.

- Sin duda – asintió la joven. Entrecerró los ojos – Quiero verlo.

El caballo quedó atado a un árbol cercano, y aprestando sus armas bajaron las escaleras. Sad y Loran iban con los yelmos calados, los escudos levantados, espada en mano, hombro con hombro. Detrás de ellos, Padre enarbolaba su enorme lanza. Tras el trío, Syl caminaba sigilosa con su espada corta desenfudada y tras ellos Amaris apuntaba con su arco corto listo para disparar.

Las paredes irregulares pronto dieron paso a una gran sala, perfectamente iluminada por varias antorchas. La traspasaron en silencio y oyeron ruidos a su derecha, conversaciones en lengua común. En una sala más pequeña observaron a cuatro hombres de pie en torno a una mesa.

Los dos grupos se quedaron mirando en silencio durante un segundo, y de pronto todo estalló.

Los cuatro hombres desenfundaron con enorme rapidez sus espadas y con un grito se lanzaron al combate. Espada contra escudo, lanza contra mallas, flechas volando, golpes por la espalda de una espada tan ágil como invisible… y pronto los cuatro constituían una masa inerme de carne acuchillada en el suelo.

Los cinco aventureros se tomaron un respiro.

- Uhm… - dijo Loran – mirad sus armaduras. Son de mucha mejor calidad que la de los bandidos del Oeste. Y sus capas son de buenas telas… estos tipos no sé qué son o qué hacen aquí, pero no parecen desde luego unos salteadores comunes.

Dedicaron medio minuto a saquear lo que pudieron encontrar en estanterías y cajas que ahí se hallaban dispersas, y retrocedieron a la entrada de la cueva para explorar el otro sector.

A su izquierda, la gruta se ensanchaba y avanzaron en silencio hasta apostarse tras una roca. Al fondo vieron unas toscas camas junto a unos armarios destartalados. En una gran mesa, seis bandidos cenaban y jugaban los dados. Al otro extremo de la gruta, una puerta de madera permanecía cerrada.

- Son seis – susurró Sad – creo que podríamos intentar atraerlos a la zona de la puerta y ahí..

- ¡AAAARRGGGGHHH! ¡Morid cabrones! – Padre dio un salto arrojando su lanza que atravesó la espalda a un bandido.

- … o también podríamos atacar a saco, claro – concluyó Loran dando otro salto y lanzándose al frente.

Los dos grupos se trabaron en combate cuerpo a cuerpo. La superior técnica de los rostowianos les permitía mantener a raya a sus enemigos aun estando en inferioridad numérica, pero los bandidos avanzaban paso a paso, apretando y ganando terreno.

Tras una finta, Sadwing perdió el equilibrio al pisar un charco de sangre, y calló de rodillas. Su enemigo levantó el arma y con un grito de triunfo se dispuso a atravesar al hombre de una estocada… pero su voz se transformó en un gorgueo de sangre cuando un venablo le atravesó la garganta.

Reincorporándose con rapidez, el rostowiano soltó una estocada al bandido que pugnaba por deshacerse del cadáver de su compañero, y un grito de agonía fue el premio al golpe de espada.

De nuevo se oyó volar otro virote y un bandido rodó con sus manos en el estómago. Rota su moral, los supervivientes cayeron con rapidez.

- Me gustas, me gustas – Amaris repasó con su dedo la ballesta que acababa de empuñar tras encontrarla sobre una repisa – creo te llamaré “Tijeras”, así nunca te olvidaré.

El combate no había salido gratis, y todos salvo la acólita sangraban por varias heridas, que la mujer se aprestó a vendar con su sabiduría adquirida tras horas de práctica. Por lo que se vio no eran las suficientes, porque no se puede decir que los vendajes fueran lo mejor de la noche.

Tras el consabido saqueo de las pertenencias de los caídos y del mobiliario (también los protagonistas de las sagas aventureras comen, reparan armas y pagan alquiler, no los juzgues mal, oh ilustre lector), se dispusieron a abrir la última puerta.

Tras ella, un pasillo bien iluminado los condujo a una sala lujosamente amueblada. Ahí, sobre un mapa, tres hombres discutían. Se callaron al verles, y sin necesidad de amenazas ni proclamas echaron mano a sus espadas. Esta vez el combate fue diferente, la superioridad numérica de los aventureros se veía impotente frente a la depurada técnica y la enorme resistencia de sus adversarios. Y de nuevo… cantó una ballesta e inclinó la balanza. Amaris logró herir en la rodilla al adversario de Loran, lo que le permitió a éste acabar con él. Los dos últimos bandidos vendieron muy caras sus vidas, dejando en forma de heridas profundas un recuerdo inolvidable en los cuerpos de los aventureros.

Jadeando y con dificultades para mantenerse en pie, sangrando por una docena de heridas, el grupo se abrazó riendo por su victoria. Rebuscaron en la sala encontrando algo de dinero y un par de trastos de interés… y Syl dio un grito de alegría cuando descubrió un magnífico cofre con remaches metálicos.

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- ¡ Sí, sí, sí! ¡Esto promete! - se sopló los dedos y sacó una ganzúa . Con aire experto empezó a forcejear la cerradura – Vamos bonita, la nena necesita unas botas nuevas.

La explosión sacudió toda el refugio subterráneo.

Syl fue arrojada contra una pared y cayó inconsciente, sangrando por boca y oídos. Sus compañeros también fueron desplazados varios metros y a duras penas se lograron levantar.

- ¡ Me cag.. en los… ¡ - Sadwing escupió tierra y sangre -¡ Joder, qué ha sido eso!

- El cofre – respondió Amaris sujetándose un brazo inerme – Tenía algún tipo de trampa. – hizo un gesto de dolor – Padre, Logan, por favor, cogedla y salgamos de aquí, ahora que todavía estamos medio vivos

Los cinco se arrastraron como pudieron hasta recibir en la cara el beso de la noche fresca.

- Volveremos… - dijo la acolita – Más adelante, con más medios, con más guerreros, con más conocimiento – Señaló a una figura embozada que les observaba desde una colina. Llevaba el mismo traje de los bandidos – Estos no tardarán en volver. Partamos…

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Cojeando y dejando un reguero de sangre a juego con sus capas, los aventureros iniciaron su lastimoso viaje de vuelta rumbo a la relativa seguridad de Rostow.
Skergil
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Re: Sangre, sudor y bandidos

Mensajepor Skergil » Vie Oct 11, 2019 4:57 am

Los niños de la ciudad y del templo llevan un mensage a quien quiera oirlo.
y varios carteles colgados por la ciudad con el mismo.

Orome aconseja tener mucho cuidado en la zona de los bandidos, donde antes estaban los soldados Mendoza,
y la zona del bosque que da para ese lado y el desierto. Esta lleno de grupos de bandidos, jinetes, y varios arqueros escondidos en las sombras.
Ademas los bandidos empezaron a llamar por refuerzos y al estar mucho mas plagado, se terminan juntando muchos.
Se debe hacer algo o pronto nos invadiran

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