El precio del deber

Donde todos los habitantes de Etrania podéis colgar vuestros relatos y mensajes dentro de rol.
Asth
Mensajes: 52
Registrado: Jue Oct 29, 2015 9:09 am

El precio del deber

Mensajepor Asth » Vie Nov 29, 2019 1:12 am

Los esqueletos se agolpaban contra los muros, escalando unos sobre otros, creando un amasijo de huesos que crujían y se astillaban hasta el tuétano, bajo el peso de sus propios aliados.
Incontables, infinitos seres de podredumbre, salidos del infierno, saltaban los mágicos muros y se dirigían hacia él.
Un halo verde brillante se reflejaba en la blanca osamenta del cadáver viviente mientras se acercaba al escudero, espada en mano. Su otra mano extendía sus falanges hacia él invitándolo a acercarse. La calavera abrió la boca, y de su dentada y macabra sonrisa salió veloz una serpiente, que abrió sus fauces y atacó el rostro del joven.


Imagen

El escudero se despertó empapado en sudor frío, empuñando su espada contra la nada. ¡¿Dónde estaba?! ¿Otra
pesadilla? Se dejó caer sobre su jergón, clavando la hoja con ira sobre el suelo de madera.
Se vistió y salió de palacio. El sol deslumbró sus ojos y masculló una maldición. En el establo todo parecía en orden, todo seguía como si nada hubiese pasado.

Como cada día, Félix le entregó el caballo de Ser Tork, y se dispuso a cepillarlo hasta dejarlo impecable. Peinó la crin y la cola, revisó sus cascos y lo abasteció de comida y agua. Suspiró al ver la espada acostada sobre un tocón de madera, que servía las veces de asiento.
La desenvainó y sus ojos la escudriñaron un rato, descontento. Estaba mellada y sucia, llena de sangre seca, como si fuera el reflejo de su alma.

Suspiró, se sentó en el tocón y sacó de su bolsa de cuero una piedra de afilar. La sumergió en un barril de agua y la dispuso sobre la mesa de roble. Con demasiada energía empezó a pasar la hoja sobre ella, absorto en el ruido del afilado cada vez que iba y venía el filo. Pensó que se parecía al ruido que hacía al resbalar sobre los huesos de los muertos. Eso le enfureció más y aceleró el ritmo con saña.

Paró al oír la voz ronca a su espalda:
- Así solo conseguirás destruir la hoja. ¿No has limpiado antes la espada? ¿En qué estás pensando?
¡Maldición, vaya momento para aparecer!
- Me han dicho que la incursión hasta el infierno de los narrith fue un éxito. Dicen que cuando la sacerdotisa cayó tú lideraste la marcha. Enhorabuena.

El escudero asintió serio.
- No pareces muy contento.
- No lo estoy, Ser Tork. El infierno no estaba allí...


Diedrick le relató cómo, hacía solo dos noches, había salido de la ciudad con una centuria entera de hombres. Caballeros y escuderos, bien armados y valientes, entrenados y preparados para el combate, habían partido elegantes y con la cabeza alta, enarbolando los rojos estandartes de Rostow.

Sólo habían vuelto diez, desmoralizados, hundidos y heridos.

Le contó como los caballeros avanzaron veloces en sus monturas desde el norte, guiados por Ser Rooney. Bravos eran los caballeros, entregándose sin miedo al peligro, espadas en alto.
Imagen

Cada vez estaban más cerca del bastión y su sangre caliente, su fresco olor a vida, había despertado a las criaturas que se movían torpes e inquietas. Carecían de cerebro pero su objetivo era claro y firme, devorarlos hasta aniquilarlos por completo.
Imagen

Al grito de ataque se sumaron los aullidos de los muertos. Desde el sur, escalando los muros caían hordas de cadáveres. Sin rasguño aparente, se levantaban y caminaban hacia ellos, mirándolos con sus cuencas vacías. Eran demasiados, quizás había más de trescientos y los golpes no parecían hacerles daño.

El escudero clavó su lanza en uno de ellos; hueso, todo huesos.
Imagen
La espada resbalaba y lo único que funcionaba eran los golpes secos con el filo de la espada. La alzó todo lo que pudo sobre su cabeza y la dejó caer con fuerza, partiendo el cráneo del esqueleto en mil pedazos, que se diseminaron por el campo de batalla. Notó el fuerte impacto en sus hombros.
Uno a la derecha, lo derribó con el mango de la hoja. Uno a la izquierda, le dio una patada, mientras ensartaba al primero. Otro en la espalda… ¡Maldición! ¡Eran demasiados!

Sintió una cadavérica mano que se aferraba a su bota, tirando de su pié y desequilibrándolo. Cayó de bruces al suelo, perdió el casco y un velo de sangre nubló su vista un instante. Oyó los gritos, los alaridos y los estertores de sus camaradas muriendo, uno tras otro, agonizando.

Los ojos idos de Ser Dexter lo miraban suplicantes bajo la rendija de su yelmo, con las tripas sanguinolentas colgando de sus manos. Ser Barrey yacía boca arriba con la cara reventada y la boca partida, solo el emblema de su casa, marcado en su peto, delataba quien había sido. Ser Albert se arrastraba en un intento de sobrevivir, con la pierna cercenada dejando un reguero de sangre. Varios muertos se abalanzaron sobre él y empezaron a devorarlo vivo.
Imagen
Oyó los escalofriantes alaridos de dolor y agonía de Ser Albert retumbando en sus oídos.

Entonces el caballero esqueleto se le acercó, espada en mano, y extendió sus falanges hacia él. Atacó presto con la espada hacia su nuca desprotegida. El joven intentó levantarse, pero estaba aturdido, sabía que era el fin
Imagen

Y cuando todo parecía perdido, Ser Rooney se abalanzó sobre el caballero esqueleto haciéndolo añicos de un espadazo.

- ¡Retirada!– gritaba Ser Rooney aprestando a sus hombres a salir de allí mientras él, Ser Ramsay Ventis y Ser Lorek Pole se mantenían firmes para cubrir la retirada del resto de sus hombres, pero no estaban preparados para lo que estaba por venir.

De entre los verdosos muros un colosal esqueleto de más de 5 metros de alto y otros tantos de ancho con una especie de espadas de huesos por brazos, saltó el muro como si fuese una pequeña valla y tras unos segundos desafiantes de pausa en los que observó al valeroso trío… emitió un sonoro gruñido que parecía sonar desde los más recóndito del infierno
Imagen

El trío lejos de amedrentarse cargó contra el monstruo en una última valerosa carga.

- ¡POR ROSTOW, POR EL REY! Gritaron al unísono abalanzandose sobre la bestia.

Los espadazos volaban, los caballeros sabían que si les alcanzaba una sola vez estaban muertos.
Ser Lorek consiguió de un poderoso espadazo arrancarle un brazo al monstruo que gritó tan agudo como si fuera un silbido de ultratumba ¿es posible que hubiese sentido dolor? En cualquier caso esto solo sirvió para enfurecerlo, ya que aplastó a Ser Ramsay de un pisotón y Ser Lorek lo partió por la mitad con su otro brazo. Sólo quedaba Ser Rooney el cual intentaba zafarse de los esqueletos que se habían vuelto a centrar en ellos y barría a espadazos con una destreza sin igual pero eran demasiados, el cansancio hacía mella y el gigante se abalanzó de nuevo sobre él partiendo la espada del Ser y hundiendo su esquelético brazo en el hombro dejándole herido de muerte…el Gigante seguro de su victoria acercó su cabeza dispuesto a devorar al Ser pero este en un último agónico esfuerzo –¡POR ROSTOW! Clavó lo que quedaba de su espada en la boca del monstruo atravesándole hasta la cuenca ocular del monstruo dándole muerte.
Ser Rooney cayó de rodillas exhalando su último aliento mientras los muertos se arremolinaban su alrededor para darse un festín, Diedrick herido y aún aturdido no daba crédito a lo que veían sus ojos,lo que antes fue Ser Rooney ahora era un amasijo de carne siendo devorado, tras unos segundos en los que se quedó atónito supo que si quería tener una oportunidad de salvarse era esa, mientras devoraban el cuerpo, el escudero se levantó y corrió hacia Rostow sin mirar atrás. Y corrió y corrió y siguió corriendo hasta que el peso de la armadura le impidió seguir respirando.

Cuando acabó su relato, Ser Tork Liden lo miró casi compasivo, pero firme:
- Si hubiera vuelto yo del frente, sí habría sido una deshonra. Ni siquiera eres caballero. Morir siendo tan joven y sin la experiencia necesaria no es un honor, es un desperdicio. Sobrevivir en este caso debe ser para ti un orgullo. Ser Rooney salvó tu vida. No dejes que sea en vano. – Ser Tork fijó la mirada en Diedrick muy serio y solemne.
El escudero asintió, aun así miró al suelo poco convencido. Algún día vengaría la muerte de Ser Rooney.

Volver a “La Plaza”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado